Descubre por qué decidí empezar a escribir un diario, qué espero encontrar en este proceso y cómo el journaling puede ayudarte a conectar contigo. Primera entrada de un blog honesto sobre escritura personal.
Llevo un tiempo queriendo hacer esto. Sentarme, abrir una página en blanco y empezar a contar por qué un día decidí que necesitaba escribir. No escribir para publicar un libro, ni para impresionar a nadie, ni para cumplir con ningún reto de redes sociales.
Escribir para mí. Para entenderme. Para dejar de dar vueltas a las mismas cosas dentro de mi cabeza y empezar a verlas fuera, en papel, donde puedo mirarlas con un poco más de distancia.
Aquí estoy. Esta es la primera entrada de este blog, y quiero ser sincera contigo desde el principio: no tengo todas las respuestas. No soy experta en nada. Soy una persona normal que un día se sentó con un cuaderno y un boli y se dio cuenta de que algo cambiaba cuando ponía las cosas por escrito.
Eso es todo. Aunque parezca poco, fue suficiente para querer compartirlo.
Si has llegado hasta aquí, probablemente es porque tú también has sentido esa curiosidad. Esa sensación de que hay algo dentro que necesita salir, que necesita orden, que necesita espacio.
Así que quédate, léeme como si estuvieras tomando un café conmigo, y vamos viendo juntas qué sale de todo esto.
Las imágenes de esta entrada se han generado con fines ilustrativos
El día que decidí que necesitaba parar y escucharme
Te voy a ser honesta, no hubo un momento épico. No fue una revelación en medio de un viaje ni una frase que leí en un libro que me cambió la perspectiva de golpe. Fue algo mucho más normal y mucho más silencioso que eso.
Fue un martes. O un miércoles, no me acuerdo bien. Estaba en casa, después de un día largo de trabajo, con esa sensación de agotamiento que no es solo físico. Esa que te deja como vacía por dentro pero con la cabeza llena de ruido.
Mil cosas pendientes, mil conversaciones a medias, mil ideas que iban y venían sin que yo pudiera atrapar ninguna.
En algún momento de esa noche, mientras miraba el móvil sin ver nada en concreto, pensé: necesito sacar esto de aquí. Por «aquí» me refería a mi cabeza.
No tenía un cuaderno bonito ni un plan. Cogí un folio que había por la mesa del salón y empecé a escribir. Sin estructura, sin objetivo, sin pensar en si tenía sentido o no. Solo escribí lo que estaba pensando en ese momento. Lo que me preocupaba. Lo que me molestaba. Lo que quería hacer y no estaba haciendo.
Cuando terminé, no sentí que había descubierto el sentido de la vida ni nada parecido. Pero sí sentí algo, alivio. Un alivio pequeño pero real. Como cuando abres una ventana en una habitación que lleva mucho rato cerrada y entra un poco de aire. No cambia todo, pero respiras mejor.
Eso fue el principio. Un folio arrugado, un boli medio gastado y la sensación de que ahí había algo que merecía la pena explorar.
Qué es eso del journaling y por qué no es lo que crees
Antes de seguir, quiero que hablemos de esto, porque creo que hay mucha confusión. Si buscas «journaling» en internet te van a salir miles de imágenes de cuadernos preciosos con lettering, washi tape, páginas decoradas con colores pastel y frases motivacionales.
Está bien, si eso te gusta, adelante. Pero eso no es el journaling. O al menos, no es solo eso.
El journaling, en su forma más simple, es escribir para ti. Punto. Es coger un papel, un cuaderno, una nota en el móvil, lo que sea, y poner por escrito lo que llevas dentro. Tus pensamientos, tus emociones, tus ideas, tus dudas, tus planes, tus miedos.
Todo lo que normalmente se queda dando vueltas en tu cabeza sin que le prestes demasiada atención.
No es un diario de adolescente
Cuando digo que escribo un diario, hay gente que me mira como si tuviera quince años. Como si escribir un diario fuera algo que se deja atrás con la adolescencia, como las pulseras de la amistad o los pósters en la pared.
Entiendo por qué, porque la imagen que tenemos del diario es esa: «Querido diario, hoy ha pasado esto y aquello».
Pero el journaling no va de eso. No va de contar lo que has hecho hoy como si fuera un informe. Va de profundizar, de preguntarte cosas, de observar tus patrones, de darte cuenta de que llevas tres semanas escribiendo sobre lo mismo y, a lo mejor, eso te está diciendo algo importante.
Va de usar la escritura como una herramienta para conocerte, no como un registro de actividades.
Hay gente que usa prompts, que son preguntas o frases que te ayudan a arrancar. Hay gente que escribe sin dirección, lo que le sale. Hay gente que escribe listas de agradecimiento, o cartas que nunca va a enviar, o conversaciones consigo misma. Todo vale. Todo cuenta. Lo que importa es que lo que escribas sea tuyo y sea sincero.
No es una obligación ni un deber
Esto es importante, el journaling no funciona si lo conviertes en una tarea más de tu lista de pendientes. Si te sientas a escribir con la sensación de «tengo que hacer esto porque toca», se convierte en otro peso.
Para mí, escribir en mi diario es un espacio, no una obligación. Hay días que escribo dos páginas y días que no escribo nada. Hay semanas en las que escribo todos los días y semanas en las que el cuaderno se queda cerrado en la mesilla. está bien.
Lo que hay es una práctica que está ahí para cuando la necesitas, no para que te genere culpa cuando no la usas.
Creo que uno de los problemas de cómo se habla del journaling últimamente es que se presenta como un hábito que tienes que mantener sí o sí, como si fallar un día significara que lo estás haciendo mal. Eso no va conmigo. Lo que busco es algo flexible, algo que se adapte a mi vida y no al revés.
Por qué elegí empezar a escribir un diario
Vale, ya te he contado el cómo. Ahora quiero contarte el porqué. Porque una cosa es tener ese primer impulso de coger un folio y escribir, y otra es decidir que quieres convertir eso en algo más constante.
Para poner algo de orden en mi cabeza
Mi mente es un sitio bastante caótico. Tengo ideas todo el rato. Sobre cosas que quiero hacer, sobre proyectos que me apetecen, sobre conversaciones que he tenido, sobre preocupaciones que aparecen de la nada a las tres de la mañana. Y todo eso se mezcla ahí dentro como una sopa en la que no distingues los ingredientes.
Escribir me ayuda a separar las cosas. A sacar cada pensamiento, ponerlo en un sitio y mirarlo con un poco de perspectiva. Cuando algo está en tu cabeza, parece enorme y confuso.
Cuando lo pones por escrito, muchas veces te das cuenta de que no era tan grande como pensabas. O de que sí lo era, pero ahora puedes verlo con claridad y decidir qué hacer con ello.
No es que escribir solucione mis problemas Pero me ayuda a ver cuáles son de verdad y cuáles son ruido.
Para conocerme un poco más
Esto puede sonar un poco raro, pero creo que no nos conocemos tan bien como pensamos. Sabemos qué nos gusta comer, qué música escuchamos, qué nos enfada. Pero hay capas más profundas que muchas veces no exploramos.
Por qué reaccionamos de cierta manera ante ciertas situaciones. Por qué nos cuesta tanto decir que no. Por qué nos sentimos culpables cuando descansamos. Por qué repetimos patrones que sabemos que no nos hacen bien. Esas cosas.
El journaling me ha ido mostrando patrones que no veía. Cosas que se repiten en lo que escribo y que me dicen mucho sobre lo que de verdad me importa, lo que me duele, lo que necesito.
Es como tener una conversación honesta contigo misma, sin filtros, sin la necesidad de quedar bien ante nadie. Cuando llevas un tiempo haciéndolo, empiezas a ver cosas que antes se te escapaban.
Para soltar lo que llevo dentro sin dar explicaciones
A veces necesitas decir cosas que no puedes decir en voz alta. No porque sean terribles, sino porque no sabes cómo decirlas, o porque no tienes a quién decírselas en ese momento, o porque primero necesitas entenderlas tú antes de compartirlas con nadie. El cuaderno es ese espacio.
Puedes escribir lo que quieras, como quieras, sin miedo a que nadie te juzgue. Sin tener que justificarte. Sin tener que explicar por qué te sientes así.
Hay algo muy liberador en eso. En poder ser completamente honesta en un sitio donde nadie te va a pedir cuentas. Donde no tienes que medir tus palabras ni preocuparte por cómo suenan.
Es un desahogo, sí, pero es más que eso. Es una forma de hacerte sitio a ti misma en tu propia vida. De decir: esto es lo que pienso, esto es lo que siento, y no necesito el permiso de nadie para sentirlo.
Para dejar de vivir en piloto automático
Creo que muchas de nosotras vivimos en modo automático más de lo que nos gustaría admitir. Nos levantamos, hacemos lo que toca, resolvemos lo urgente, llegamos a casa cansadas y repetimos al día siguiente.
Escribir un diario me obliga, en el buen sentido, a hacer esa pausa. A sentarme conmigo y preguntarme qué tal estoy hoy, qué necesito, qué me está pesando, qué me apetece.
Son preguntas simples, pero cuando las respondes por escrito, con calma, las respuestas a veces te sorprenden.
Qué espero encontrar aquí, en este proceso de escribir
No voy a mentirte, cuando empecé a escribir en mi diario, no tenía un objetivo claro. No me senté con una lista de metas ni con un plan de lo que quería conseguir. Simplemente sentí que lo necesitaba y empecé.
Pero con el tiempo, a medida que fui escribiendo más y siendo más constante, empecé a darme cuenta de que sí había cosas que estaba buscando, aunque no las hubiera puesto en palabras hasta entonces.
Creo que es importante hablar de esto, porque muchas veces pensamos que para hacer algo necesitamos tener claro el objetivo desde el principio pero no siempre es así.
A veces el objetivo se va construyendo por el camino, a medida que avanzas y vas entendiendo qué es lo que de verdad necesitas. Con el journaling me ha pasado exactamente eso.
Espero encontrar claridad
No claridad en plan «ahora lo veo todo nítido y sé exactamente qué hacer con mi vida». No ese tipo de claridad. Más bien la claridad de poder mirar una situación y entender qué siento al respecto.
De poder distinguir entre lo que quiero yo y lo que creo que debería querer. De saber diferenciar mis propias ideas de las que he absorbido de fuera sin darme cuenta.
Porque eso pasa mucho. Vivimos rodeadas de opiniones, de expectativas, de mensajes sobre cómo deberíamos ser y qué deberíamos querer. A veces, cuando te paras a pensarlo, te das cuenta de que muchas de las cosas que crees que quieres en realidad las quieres porque te han dicho que las quieras.
Escribir me ayuda a hacer esa separación. A limpiar un poco el ruido y quedarme con lo que es mío de verdad.
No espero que sea un proceso rápido ni fácil. Sé que hay capas y capas, y que algunas cosas no se ven a la primera. Pero confío en que, poco a poco, escribiendo con honestidad, las cosas se van colocando en su sitio.
Espero encontrar una forma de gestionar lo que siento
No soy de las que hablan fácilmente de sus emociones. Me cuesta. Me pasa algo y sé que me afecta, pero no puedo ponerle nombre. Es enfado, es tristeza, es frustración, es miedo, es todo a la vez. Cuando no puedes nombrar algo, es muy difícil gestionarlo.
Escribir me está ayudando con eso. Cuando me siento a describir lo que me pasa, aunque sea de forma torpe y desordenada, empiezo a encontrar las palabras.
He leído que esto tiene que ver con cómo funciona el cerebro. Que cuando pones una emoción en palabras, activas la parte racional y eso te ayuda a regular lo que sientes. No sé si la ciencia lo explica exactamente así, pero sé que a mí me funciona.
Mis primeros pasos con el diario y lo que he ido aprendiendo
Quiero contarte cómo han sido mis primeros pasos porque creo que puede ayudarte si estás pensando en empezar. porque me gusta la idea de ser transparente con este proceso desde el principio.
Esto no es un blog donde te voy a contar la versión bonita y editada. Te voy a contar lo real, con sus aciertos y sus tropiezos.
Al principio no sabía qué escribir
Esto es lo primero que me pasó y creo que le pasa a mucha gente. Te sientas con el cuaderno abierto, el boli en la mano, y te quedas mirando la página en blanco sin saber por dónde empezar. Es normal. Llevamos tanto tiempo sin escucharnos que cuando nos damos el espacio para hacerlo, no sabemos qué decir.
Lo que me funcionó fue empezar por lo más básico. Escribir cómo me sentía en ese momento. Literalmente eso: «Hoy me siento cansada y un poco agobiada porque tengo muchas cosas pendientes y no sé por dónde empezar».
A partir de ahí, tirando del hilo, iban saliendo más cosas. Siempre salen más cosas si te das el tiempo suficiente.
También me ayudó usar preguntas sencillas cuando no me salía nada. Cosas como: qué es lo que más me ha ocupado la cabeza hoy, hay algo que me esté preocupando y no le esté prestando atención, qué necesitaría ahora mismo para sentirme un poco mejor.
Qué vas a encontrar en este blog
Quiero que sepas desde ya qué puedes esperar de este espacio, porque creo que es importante. Así decides si quieres quedarte, si esto va contigo, si te resuena lo que cuento aquí. Si no, pues no pasa nada.
Ideas y recursos para que escribas tú también
Además de mi experiencia, quiero compartir cosas que puedan ayudarte si quieres empezar o si ya escribes y quieres explorar nuevas formas de hacerlo. Prompts para escribir, diferentes técnicas de journaling, formas de usar la escritura para trabajar cosas concretas como la ansiedad, la toma de decisiones, los objetivos personales o la gestión emocional.
Reflexiones sobre el autoconocimiento y la vida cotidiana
El journaling no existe en el vacío. Se conecta con todo lo demás: con cómo gestionas tu tiempo, con cómo te relacionas con los demás, con cómo tomas decisiones, con cómo te tratas a ti misma. Así que también voy a escribir sobre esas cosas. Sobre lo que voy observando en mi día a día a raíz de escribir en mi diario. Sobre las conexiones que voy viendo entre lo que escribo y lo que vivo.
No en plan autoayuda, tranquila. Más bien en plan conversación entre amigas donde una le dice a la otra «oye, me he dado cuenta de una cosa» y la otra dice «pues fíjate, a mí me pasa algo parecido». Ese tono. Ese nivel.
Por qué he decidido compartir esto en un blog
Esta es una pregunta que me he hecho muchas veces antes de publicar esta primera entrada. Si el journaling es algo tan personal, tan íntimo, tan mío, por qué contarlo en un blog donde cualquiera puede leerlo.
La respuesta corta es: porque me habría gustado encontrar algo así cuando empecé.
Cuando busqué información sobre journaling en español encontré muchas listas de beneficios, muchos artículos con títulos llamativos, mucha teoría. Pero encontré pocas voces reales. Pocas personas contando su experiencia de verdad, con sus dudas, sus errores, sus descubrimientos. Encontré mucho contenido que me decía lo que el journaling podía hacer por mí, pero poco que me mostrara cómo es el proceso real de hacerlo.
Y pensé que a lo mejor yo podía aportar eso. No desde la autoridad, no desde el conocimiento experto, sino desde la experiencia propia. Desde el «yo también estoy en esto y te cuento lo que me voy encontrando por el camino».
Además, hay algo que he aprendido escribiendo en mi diario: compartir lo que sientes, ponerlo fuera de ti, le da otra dimensión. No es lo mismo pensar algo que escribirlo, y no es lo mismo escribirlo para ti que compartirlo con alguien. No digo que haya que compartir todo, ni mucho menos. Pero sí creo que hay cosas que ganan cuando las cuentas. Que se vuelven más reales, más tangibles, más útiles. Y si encima al contarlas ayudan a alguien que está pasando por algo parecido, entonces tiene todo el sentido del mundo hacerlo.
Quiero que este blog crezca poco a poco, como crece un diario. Sin prisa, sin presión, entrada a entrada.
Así que si te ha gustado lo que has leído, si te has sentido identificada con algo de lo que he contado, o si simplemente te ha picado la curiosidad, quédate. Suscríbete si puedes para no perderte nada.
Nos leemos pronto.


